Entre la miseria y la pandemia: el drama de una familia venezolana

Escrito por:
Carmen Rivas
Oct 12, 2020 1:36:53 PM

Angelo, un hermoso niño de 10 años, viene corriendo muy alegre por un camino de tierra, con sus pies y sus piernas empolvadas. En sus manos trae dos garrafas llenas de agua, bajo el radiante sol del mediodía luce cansado y sediento. Angelo recorrió cerca de 2 km para traer el agua desde el manantial.

El suministro de agua en el sector donde vive Angelo es inexistente. Los habitantes tienen dos opciones: caminar diariamente 2 km, ida y vuelta, hasta el manantial o simplemente esperar la lluvia para recoger un poco de agua.

En los sectores populares y barriadas de la localidad, obtener agua potable para consumo humano y para realizar los oficios hogareños cotidianos, se convierte en una tarea muy difícil. Algunas familias se organizan para adquirir a precios muy elevados algunos pipotes de agua. Es lamentable ya que los casos de diarreas en niños pequeños son muy comunes, debido a que el lavado de manos, enseres, frutas y verduras se hace infructuoso.

La familia de Angelo no escapa a esta realidad. En su casa no hay agua para beber y su abuela lo espera ansiosamente.

Al llegar a la vivienda, Angelo le entrega las dos garrafas de agua a su abuela, la señora Petra Arreaza, de 72 años, quien es la beneficiaria del Programa de Cash Transfer de World Vision. Es una señora muy agradable pero de pocas palabras. Es hipertensa sin control médico y con una osteoporosis avanzada.

“La vida es muy dura y con eso del coronavirus se puso peor,” dice Petra con un vaso de agua en su mano.

La familia de Angelo lleva muchos años luchando contra la pobreza, que actualmente se agudiza debido a las medidas de prevención del COVID-19. Ellos literalmente sobreviven.

Familia de AngeloSimplemente sobreviviendo

En Venezuela las oportunidades de contar con un empleo que permita atender las necesidades más básicas son cada vez más reducidas. El entorno de la pandemia agrava la profunda crisis humanitaria que vive el país. Angelo y su familia pertenecen a esos miles de venezolanos golpeados duramente por el hambre, la falta de agua potable, la falta de medicinas y la falta de una vivienda digna.

Un rayo de esperanza se vislumbra en el horizonte de esta familia al momento de recibir la ayuda de World Vision por medio del Centro Cristiano de Los Teques en la forma de un transferencia de efectivo.

María, de 45 años, es la hija de la señora Petra y la mamá de Angelo. Ella dice que últimamente su mamá está angustiada por el virus que anda por allí. Inmediatamente la señora Petra replica con mucha energía y dice: “no es para menos, ese virus solo mata a los viejos.”

A esta cruel realidad se enfrenta María día a día, sabiendo que en su núcleo familiar hay personas de riesgo. Sin embargo, ella no puede detenerse, porque su familia depende totalmente del ingreso diario que obtiene trabajando como doméstica en casas de familia.

Actualmente María está desempleada y confinada junto con su familia en su humilde vivienda hecha con láminas de zinc, algunas tablas y piso de tierra, está ubicada en una populosa barriada y se encuentra en riesgo debido a la cercanía de una torre de alta tensión eléctrica.

“Aquí hay mucha necesidad, mucha miseria, solo sobrevivimos,” dice María, que parece desfallecer. “Desde que llegó la cuarentena, no he podido trabajar bien, porque no hay transporte y no me llaman de las casas para trabajar.”

Petra recibe una pensión de vejez, pero eso solo les alcanza para una harina pan y un jabón de baño, dice María.

La pensión de vejez otorgada por el Instituto de los Seguros Sociales (IVSS) en Venezuela equivale a $2 al mes. A los ancianos venezolanos esta cantidad de dinero no les alcanza para adquirir sus tratamientos médicos, comida y artículos personales. Además durante el período de confinamiento el hambre y la miseria han aumentado vertiginosamente en los grupos de trabajadores domésticos e independientes.

María tiene muchas preocupaciones.

Angelo me preocupa porque él nació con problemas cardíacos,” dice María. “Los médicos especialistas que lo trataban se fueron del país. Además tiene problemas con el hígado. Me angustia mucho porque mi niño entra en la población de riesgo. A veces creo que ya no puedo más.”

Cuando no hay comida

Para María, la razón más importante para no caer en la desesperanza, es su familia—su mamá y sus dos hijos.

En estos días, María se encuentra muy delgada. Ella en muchas ocasiones deja de comer para que su mamá y sus hijos coman.

“Cuando veo que la comida no alcanza, yo no como o como muy poquito,” dice.

Este es el drama común en Venezuela que es agravado ahora por el COVID-19. Muchos padres suprimen alguna de las comidas del día, para que sus hijos puedan comer. Esto los lleva a perder peso aceleradamente con mucha posibilidad de padecer luego de algún desorden metabólico.

La extrema necesidad en la que vive esta familia es real.

La vivienda consta de un solo espacio, sin piso de cemento. No tienen baño, lo que hace difícil el aseo personal imprescindible en la lucha contra la pandemia. Las necesidades fisiológicas del cuerpo las realizan en pequeñas bolsas que luego son desechadas. Además esto es agravado por la escasez de agua potable en el sector. Realmente es preocupante la situación de la falta de agua.

Aún con toda esta miseria, esta familia no ha perdido la alegría.

Agua limpia y un poco de esperanza

Esta familia se ha llenado de esperanza, gracias a la ayuda que World Vision les ha brindado a través del Centro Cristiano de Los Teques en la forma de cash transfer. Desde el mes de mayo hasta el mes de julio, ellos han recibido tres transferencias de dinero, cada una correspondiente a $30 y además, recibieron también 29 litros de agua mineral.

“El agua de World Vision me sabe diferente, dice Angelo alegremente. “Tenía mucho tiempo sin tomar agua de verdad. Tengo varios días sin ir hasta el manantial.”

Este ingreso junto a la pensión de vejez de la Sra. Petra ($2 al mes), han constituido las únicas entradas de dinero a esta familia durante el tiempo de confinamiento.

Al recibir el dinero, María y Petra no pudieron contener las lágrimas. Sobrecogidas por la emoción se abrazaron mutuamente, mientras que Angelo sonreía y saltaba de alegría. Con esta ayuda la familia de Angelo pudo comprar comida.

Comprar comida, para María y Petra, representó un re-encuentro con su dignidad, no tuvieron que pedirla por caridad, al tener el dinero para comprarla se sintieron capaces, útiles, necesarias y pertenecientes a una sociedad que lucha día a día para salir adelante.

Angelo con una sonrisa inmensa salió corriendo por el camino de tierra. Lleno de emoción fue a ayudar y tomó las bolsas de comida que su mamá traía en las manos.

“¡Huevos, queeesooo!” Angelo exclamaba. “Wao, que fino!”

María y Petra se alegraron por la comida que pudieron comprar y también por la fe y la esperanza que es fortalecida por la iglesia.

“Hoy doy gracias a Dios y a World Vision por hacer realidad uno de nuestros grandes sueños que es poder comprar alimentos, que desde hace mucho tiempo no se compraban en casa, queso, huevos y legumbres,” dice María.

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