Quito, Ecuador | World Vision.- Entre los 7 y 10 años, miles de niñas y niños en Ecuador atraviesan la última ventana de oportunidad para recuperar su desarrollo tras la desnutrición crónica infantil (DCI). Aunque a esta edad ya no siempre es posible revertir completamente el retraso en talla, sí es posible recuperar capacidades clave como el aprendizaje, la salud y las oportunidades futuras.
El reciente estudio nacional de World Vision Ecuador, denominado “Hambre, nutrición y seguridad alimentaria y su efecto en el desarrollo de las niñas y niños entre 7 y 10 años”, advierte que intervenir en esta etapa sigue siendo altamente rentable, pues mejora significativamente el rendimiento escolar, reduce riesgos de enfermedad y amplía las oportunidades a largo plazo.

La evidencia del estudio, realizada en el marco de la campaña Suficiente de World Vision, muestra que la alimentación de niñas y niños entre 7 y 10 años presenta diferencias importantes según el territorio:
- En la Sierra, si bien se observa una mayor diversidad alimentaria, esta sigue siendo insuficiente para garantizar una dieta equilibrada.
- En la Costa, se identifica un mayor consumo de alimentos de alto contenido energético, incluidos productos procesados, lo que limita la calidad nutricional de la dieta.
- Por su parte, en la Amazonía se registran las mayores restricciones, con menor diversidad alimentaria y mayores limitaciones en el acceso a alimentos nutritivos.
Territorios como Cotopaxi, Orellana y Santo Domingo presentan los niveles más bajos en diversidad y consumo alimentario, mientras que Santa Elena, Manabí y Guayas registran puntajes más altos. En este contexto, las familias no eligen necesariamente qué consumir, sino que ajustan su alimentación a lo que es accesible en términos económicos y territoriales.
Debido a ello, el entorno escolar se posiciona como un espacio clave para el desarrollo integral de niñas y niños, considerando que pasan entre seis y siete horas diarias en las instituciones educativas. El estudio evidencia que, mientras algunos estudiantes acceden a alimentos preparados en casa, otros dependen de bares escolares donde predominan productos de bajo valor nutricional. Esta realidad limita el potencial de la escuela como un espacio de recuperación en una etapa clave.
Fortalecer la alimentación escolar no es solo una medida nutricional, es una estrategia para recuperar oportunidades de aprendizaje, salud y desarrollo. Una nutrición inadecuada está asociada a dificultades de concentración, menor rendimiento académico y limitaciones en el desarrollo cognitivo, lo que condiciona las oportunidades futuras de niñas y niños, señala el estudio.
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Esteban Lasso, Director de World Vision Ecuador, destaca que “la desnutrición crónica no empieza a los 7 años, empieza mucho antes. A esta edad ya no siempre podemos recuperar la talla, pero sí podemos recuperar algo igual de importante: las oportunidades de aprendizaje, salud y desarrollo. Por eso, nunca es tarde para intervenir, pero sí es urgente empezar antes.”
Niños que participaron de los programas de World Vision Ecuador durante su intervención en el lanzamiento del estudio destacaron “cuando no comemos bien nos cuesta poner atención en clases, nos cansamos más rápido y a veces nos sentimos tristes sin saber por qué”. Además, enfatizaron que “no somos solo el futuro, somos el presente, y lo que pase con nuestra alimentación hoy va a cambiar lo que podamos ser mañana”, subrayando la urgencia de actuar en esta etapa clave de su desarrollo.
Ante este panorama, World Vision Ecuador plantea el fortalecimiento de políticas públicas integrales que garanticen el derecho a una alimentación adecuada para la niñez, a través del fortalecimiento de programas escolares de alimentación saludable con pertinencia territorial y cultural; promover la educación alimentaria en escuelas, familias y comunidades; y el apoyo a la producción local y economías familiares.
La escuela y la familia representan hoy la última oportunidad para cambiar la trayectoria de miles de niñas y niños en Ecuador. No actuar en este momento implica consolidar brechas que se arrastrarán toda la vida.
Sobre el estudio
El estudio elaborado se basa en una muestra representativa de 600 niñas y niños entre 7 y 10 años en Ecuador, utilizando indicadores internacionales como el Household Dietary Diversity Score (HDDS), el Food Consumption Score (FCS), la Food Insecurity Experience Scale (FIES) y el índice de masa corporal (IMC), combinados con investigación cualitativa en comunidades de la Costa, Sierra y Amazonía.