World Vision.- Al marcar el primer mes de los dos terremotos que sacudieron el noreste de Venezuela el pasado 24 de junio, queda manifiesta una máxima que debería guiar todo esfuerzo de concertación para rehabilitar el país: “sobrevivir no es suficiente”.
Si bien es cierto que garantizar la sobrevida de las personas afectadas por el terremoto es una prioridad, en World Vision entendemos que todo esfuerzo por restituir el goce de los derechos de la niñez y reconstruir las capacidades en el país parte de la protección como eje estratégico.
Garantizar la seguridad alimentaria de las familias mediante la provisión de paquetes nutricionales y el equipamiento de comedores comunitarios como lo hacemos tiene sentido, cuando aseguramos que el acceso a estos elementos es seguro y digno; es decir, ningún hombre, mujer, niño o niña deberá sacrificar o menoscabar su dignidad para obtener alimento o asistencia.

Desde nuestros principios humanitarios y nuestra identidad cristiana entendemos que la asistencia humanitaria debe estar libre de condicionamientos. Entender esto y defenderlo con celosa vigilancia es fundamental, porque en tiempos de ingente necesidad, no faltará quien ofrezca ayuda a cambio de favores. Quien ofrece ayudar a cambio de un beneficio personal -económico, sexual, reputacional o de cualquier naturaleza- habla el lenguaje típico de la explotación, el abuso y la manipulación e instrumentaliza solapadamente la asistencia en detrimento de las personas en situación de vulnerabilidad.
El acceso a agua y saneamiento seguro no solo previene enfermedades. Ante todo, busca proteger y dignificar a las familias y en especial a sus niños y niñas durante una emergencia. Ninguna niña, adolescente, ni ninguna mujer, debería sufrir la privación material y encima la congoja por no tener medios para menstruar dignamente. Un kit de higiene y los elementos esenciales para que las familias puedan asearse y hacer sus necesidades de manera privada no son una simple entrega. En el diseño de nuestras iniciativas de agua y saneamiento seguro, aseguramos que recibir estos elementos esenciales estén libres de riesgo de acoso, hostigamiento y abuso. Ningún niño o niña, mujer o adolescente debe sentirse expuesto, inseguro o vulnerable en los actos cotidianos de la higiene personal y familiar.

No es casualidad, entonces que World Vision Venezuela haya articulado a todos sus procesos de distribución y entrega de bienes y servicios esenciales la instalación de espacios amigables para la niñez. En primer lugar, para restituir un sentido de seguridad y garantizar la protección de la niñez en los entornos donde operamos la respuesta a la emergencia. Y en segundo lugar, para sensibilizar a los niños y niñas y a los adultos involucrados, de los riesgos exacerbados de protección que impone la vulnerabilidad causada por un desastre.
Han transcurrido 30 días desde el embate mortífero de los terremotos del 24 de junio. Millares de familias perdieron su fuente de ingreso. Proveer medios de vida sostenibles y dignos, que permitan a la familia levantarse del desastre tiene su asidero en la protección. Al reconstituir fuentes sostenibles de ingreso, prevenimos mecanismos de afrontamiento negativos, que en tiempos de necesidad se normalizan: Una familia sin ingresos podría considerar sacar a los niños de la escuela para que trabajen. El trabajo infantil que impide o interrumpe el derecho a la educación es una forma de violencia que marca a la niñez con el sello de la exclusión y la desigualdad.
El niño o niña y su grupo familiar que buscan medios para sobrevivir y conseguir refugio sin tener los medios para ello es presa fácil de redes o perpetradores individuales de trata, explotación y abuso. Por ello, desde World Vision la articulación de nuestra respuesta a la emergencia por los terremotos es integral y considera la restitución de los derechos de la niñez, con centralidad de la protección.

Ningún derecho se redime a expensas de la renuncia a otro, mucho menos a expensas de la dignidad y la protección. Por ello, al entrar en esta nueva etapa de la respuesta, pasando de la asistencia inmediata a la reconstrucción, renovamos nuestro compromiso de largo plazo, porque entendemos el nexo entre asistencia humanitaria y la restitución de las capacidades y su importancia para el desarrollo integral de la persona, en especial, del niño la niña y los adolescentes.
Le invito a sumarse a esta marcha, de larga distancia, persistencia y fe para cuidar del corazón de la niñez venezolana. Dar para sobrevivir solamente, no es suficiente.