World Vision.- Mi nombre es Camila García, tengo 21 años y vivo en la colonia Panting, en el sector Chamelecón, Honduras. Crecí únicamente al lado de mi mamá, ya que mi papá se desentendió por completo de nosotras. Tras el reciente fallecimiento de mi abuelo, la responsabilidad del hogar quedó sobre los hombros de nosotras tres: mi mamá, mi abuela y yo.
Los pocos trabajos informales que conseguía mi abuela no eran suficientes para cubrir nuestras necesidades y mi mamá no trabaja, por lo que me tocó asumir el reto de salir adelante. Hoy me siento profundamente orgullosa de haber tomado la iniciativa, porque a través del proyecto Jóvenes Súper Pilas mi vida dio un giro: logré acceder a un empleo en CINNABON y conseguir una beca universitaria.

Desde muy pequeña miraba esa empresa y me decía a mí misma: “Yo quiero estar ahí o al menos probar sus productos”, aunque en ese momento lo veía distante. La universidad también se sentía como un sueño inalcanzable por la falta de recursos. Hoy, con la gracia de Dios, ya he aprobado 20 materias y me faltan solo 7 para graduarme. Sé que lo voy a lograr y, al terminar, mi meta es seguir creciendo profesionalmente.
Agradezco de corazón todo el respaldo recibido: el trabajo, la beca y el acompañamiento constante. A las niñas, niños y jóvenes de mi comunidad les diría que se motiven, que sí se puede. Aunque nos digan que no, o que las limitantes económicas y vivir en zonas vulnerables son un obstáculo, podemos salir adelante. El proyecto Jóvenes Súper Pilas nos apoya de forma integral, en lo académico, en lo laboral y con ese apoyo humano y de aliento para nuestras familias que hace toda la diferencia.