World Vision.- Mi historia con World Vision comenzó en la infancia, en mi propia comunidad. Mi nombre es Jimena y vivo en Perú, cada semana, niñas y niños del vecindario nos reuníamos en los talleres del Club de Amigos. Eran espacios donde aprendíamos, compartíamos y crecíamos juntos. Más allá de las actividades y los juegos, esos encuentros sembraban algo más profundo: valores, sentido de comunidad y la convicción de que cada niño tiene un potencial que merece ser acompañado y fortalecido.
Con el tiempo, ese primer vínculo evolucionó hacia una participación más consciente. Durante la pandemia tuve la oportunidad de formar parte del programa Youth Ready, impulsado por World Vision. En un momento global de incertidumbre, este programa se convirtió en un espacio de formación, reflexión y construcción de propósito. Youth Ready no solo ofrece herramientas para el desarrollo personal y profesional de los jóvenes; también impulsa una visión de liderazgo basada en la responsabilidad, la iniciativa y el compromiso con el entorno.
A partir de esta experiencia me integré a la Alianza Nacional de Líderes para la Transformación (ANALIT), una red juvenil que promueve la participación activa de adolescentes y jóvenes en procesos de incidencia. Dentro de este espacio asumí responsabilidades de coordinación en el área de participación e incidencia, una experiencia que me permitió trabajar junto a jóvenes de distintas realidades, unidos por un mismo propósito: aportar desde nuestras voces y acciones a la construcción de comunidades más justas y participativas.
Al cumplir la mayoría de edad continué este camino integrándome a la red Nuestras Voces, donde sigo participando activamente. Asimismo, formo parte de la Global Alliance for Youth vinculada al proyecto Youth Ready, una red que conecta a jóvenes de diferentes países que comparten la convicción de que la participación juvenil es una fuerza real de transformación social.
Actualmente estudio Derecho, una decisión profundamente conectada con el camino recorrido en estos espacios. Las experiencias impulsadas por World Vision contribuyeron a fortalecer en mí habilidades de liderazgo, comunicación y pensamiento crítico, herramientas que hoy orientan mi formación académica y mi vocación de servicio.
También encuentro en este proceso una dimensión espiritual significativa. Como persona de fe, valoro profundamente que el trabajo de World Vision esté guiado por principios que promueven la dignidad humana, la solidaridad y la esperanza. Esa base de valores se refleja en cada iniciativa y en el impacto real que genera en la vida de niños, niñas y jóvenes.
Mirar atrás y reconocer que todo comenzó en un taller comunitario es un recordatorio poderoso de lo que puede suceder cuando se apuesta por la niñez y la juventud. Creo firmemente que cuando un niño encuentra oportunidades para aprender, participar y creer en su propia voz, también comienza a construir el liderazgo que, con el tiempo, puede transformar su comunidad.